Me interesa la confrontación con el otro, que al final termina siendo nuestro reflejo.
Me provoca la contemplación del espacio habitable como sitio de multiplicación de nuestras propias singularidades, como posibilidad de una sana relectura de nuestra relación con la otredad y ante todo, como referente de lo íntimo.
Desprejuiciar lo doméstico, lo habitable, lo cotidiano, lo circundante, lo ambientado y reintegrarlo con una nueva dignidad, mucho más objetiva de lo que realmente somos.
viernes, 27 de marzo de 2009
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